Realizamos una evaluación del estado psicológico de la víctima, valorando las necesidades de la persona para poder afrontar de forma adecuada un procedimiento de denuncia.
Realizamos evaluaciones periciales de casos de trata de personas, emitimos informes y asistimos como peritos en el procedimiento judicial (o testigos peritos, en su caso).
Realizamos intervención psicológica mediante metodologías basadas en la evidencia. Estamos especializadas en victimología, psicología criminal, psicología forense, terapia cognitivo conductual y Terapia Dialéctica Conductual (DBT).
Evaluamos el nivel de seguridad y de los apoyos sociales de los que dispone la víctima y trabajamos en coordinación con otros servicios para la cobertura de las necesidades básicas.
Apoyamos a la víctima en su colaboración con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para la investigación del delito.
La trata de personas es una de las vulneraciones más flagrantes de los derechos humanos, que consiste en la captación, el traslado y posterior explotación de una persona, ya sea para su explotación sexual, la explotación laboral, los matrimonios forzados etc.
Este es actualmente uno de los delitos más difíciles de perseguir, acabando en sobreseimiento o archivo casi el 50% de los casos judicializados (Ministerio Fiscal, 2018, 2023).
Tanto los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad (FCS) como la Fiscalía coinciden en señalar como los principales motivos de esta dificultad la clandestinidad, la elevada desconfianza de las víctimas hacia los cuerpos policiales, el temor a las represalias por parte de los tratantes y la necesidad de acreditar dicha explotación para que esta pueda ser perseguida. Por otro lado, el paulatino desplazamiento de los escenarios prostitucionales de los tradicionales clubes a los pisos dificulta más, si cabe, el acceso de las FCS (Ministerio Fiscal, 2023).
Existen indicadores que nos pueden alertar de una posible situación de explotación. Las dificultades para moverse libremente, proceder de un país extranjero, la situación de indocumentación, la necesidad de la persona de sustentar a los seres queridos en el país de origen, fuertes síntomas fisiológicos que indican deterioro… Son indicios a los que debemos poner atención.
Por otro lado, estos indicadores no pueden ser entendidos sin atender a las diferentes modalidades de la trata sexual, ya que las formas de coacción cambian profundamente en función de los rasgos culturales de víctimas y victimarios.
A menudo las víctimas provienen de lugares de gran violencia, corrupción y desestructuración familiar. Esto hace que no sean plenamente conscientes de que están siendo explotadas, llegando a percibir a sus proxenetas como verdaderos salvadores.
En un alto porcentaje, las víctimas han sufrido numerosas violencias en la infancia (malos tratos, violencia sexual, abandono…), siendo la politraumatización más la norma que la excepción.
Estos son procedimientos en los que el testimonio de la víctima tiene un peso fundamental. Por ello, la valoración psicopatológica es imprescindible ya que determinados cuadros (por ej., estados psicóticos o deliroides, graves alteraciones de la memoria…) podrían invalidar el proceso.
El trastorno de estrés postraumático (TEPT) es una clínica común entre las víctimas de trata. Este puede presentarse con alteraciones en la memoria y otras problemáticas (síntomas psicóticos, disociación…) que requieren asistencia especializada.
Una de las labores de los profesionales de la psicología jurídica y forense es la valoración del estado psicológico, facilitar la capacidad de la víctima para ofrecer un testimonio lo más ajustado a la realidad evitando la creación de falsas memorias.
Uno de los métodos que empleamos es la entrevista cognitiva (Geiselman et al., 1984). Se trata de una técnica psicológica desarrollada para mejorar la cantidad y calidad de información obtenida de testigos y víctimas, superando las limitaciones del interrogatorio estándar. Basada en principios de la memoria humana, emplea cuatro técnicas principales: reinstauración de contexto, narración libre (contarlo todo), cambio de perspectiva y cambio de orden temporal (Baddeley, 2020; Godoy & Higueras, 2005).
Existen grandes diferencias entre las diversas modalidades de la trata sexual cuyo conocimiento es clave para una adecuada intervención.
La trata nigeriana se caracteriza por la concurrencia del tráfico de personas. A menudo las víctimas sufren una gran violencia en el trayecto (especialmente si es por vía terrestre). El control sobre las víctimas se ejerce a través del vudú o juju, además de la violencia y la amenaza personal y sobre sus seres queridos. Las mujeres son explotadas fundamentalmente en las calles, bajo el control de la madame (mujeres previamente explotadas que han escalado en la jerarquía, convirtiéndose en controladoras).
En el caso de la trata latinoamericana la explotación se produce mayormente en pisos y clubes, a menudo estrechamente vigiladas con cámaras y una gran restricción de movimientos. La exigencia del consumo de drogas y las salidas (servicios al domicilio del cliente) suelen ser situaciones de riesgo, además de las prácticas que ponen en peligro la salud.